Ser coherente no es opcional

Por Carmen Mayela Fallas, CEO.

Publicado en La Nación el 26 de septiembre.

 

Gracias al teléfono celular, todos podemos convertirnos en generadores de contenido

La forma como han llegado a ser descubiertos detalles de interés para la prensa y la ciudadanía, en torno a los acontecimientos del cemento chino, confirman que existe una alta probabilidad de que la transparencia llegue, de manera definitiva, a la vida pública y privada de personas, organizaciones, comunidades y naciones, no necesariamente como producto de la ética personal o corporativa (como sería deseable), sino forzada por una realidad más simple pero apabullante: el acceso a un teléfono celular, a esa pequeña computadora cada vez más poderosa con la cual todos tenemos el potencial de convertimos en generadores de contenido y testigos del comportamiento de los otros.

En el mundo de las relaciones públicas, hemos creído siempre en el concepto de “casa de cristal”, lo que significa que todas las personas y las organizaciones vivimos expuestas al escrutinio público, por lo que una incoherencia entre lo que se dice –discurso– y lo que se hace –comportamiento–, tarde o temprano quedará expuesta, probablemente en el momento menos oportuno.

Filosóficamente, esto es y sigue siendo correcto; no obstante, ahora más que nunca, la coherencia ha dejado de ser opcional. De ella depende la reputación de una marca, una organización o una persona, sea este un político, un líder comunal, un religioso, un empresario, etc.

Desprestigio. Ya sea por principios o por intereses, nadie quiere ligarse a un producto, una empresa o un candidato con cuya actuación no comulga. Así que, cuando digo que no es opcional, significa claramente que ya no importa tanto la calidad del producto o las ideas del candidato: cuando sentimos que han traicionado su propio mensaje, dejamos de creer, dejamos de querer y dejamos de apoyar.

Peor aún, este fenómeno sucede en grandes masas que se mueven de un lado a otro, influenciadas por las informaciones que transparentan el comportamiento de esos líderes. Por cierto que en el mundo de hoy las informaciones no son siempre ciertas, pero los llamados fake newsson tema para otro artículo.

Arma poderosa. Un simple teléfono en manos de un ciudadano o de un cliente se convierte en un arma poderosa con la cual cualquiera graba un audio, toma una foto, produce un video y comparte y distribuye contenidos.

Ya no es preciso ser periodista. Virtualmente, todos tenemos un medio de comunicación y una caja de resonancia con mayor o menor alcance, pero, potencialmente, igual de dañina u oportuna.

En este momento, incluso los medios tradicionales se alimentan de la información que produce la ciudadanía, la cual, en muchos casos, sirve de detonante para los trabajos de investigación y análisis llevados a cabo por los medios, tanto tradicionales, como digitales.

Estamos viviendo tiempos nuevos que, a pesar de los tragos amargos del momento, tienen que resultarnos esperanzadores.

Honestidad. Para las figuras públicas, las organizaciones y marcas, la coherencia deberá ser objetivo y faro, si desean ser exitosos y sobrevivir al escrutinio de la opinión pública o de los consumidores de sus productos y servicios.

“Si no quieres que se sepa, no lo hagas”; los públicos, sin frontera alguna, sabrán todo cuanto usted está haciendo, más allá de lo que esté diciendo que hace. Pero si está adoptando una postura, basada en premisas falsas y que no responde a sus verdaderos valores y principios, también, tarde o temprano, quedará evidenciada.

Vivir de manera coherente es un verdadero desafío del ser humano que se traslada al mundo corporativo, al mercado de productos y a la arena política de manera inexorable.

 

2017-09-27T11:44:14+00:00 septiembre 27, 2017|